HISTORIAS DESDE ADENTRO
Una tarde de hace un par de meses, íbamos en el coche. Él conducía con la misma calma de siempre, hasta que de pronto levantó ligeramente la mano del volante. Fue un gesto pequeño, casi escondido, acompañado por un destello en su mirada. No necesité mucho para entender que saludaba a alguien. Seguí la dirección de sus ojos y ahí estaba: una mujer que le devolvía el gesto con una sonrisa tímida, cómplice, antes de bajar la vista. Él bajó la mano en el mismo instante en que yo volteé hacia él. —¿Quién era? —pregunté. Respondió un nombre, sin darle importancia. Su voz sonó plana, indiferente, como si hablara de alguien irrelevante. Y aun así, algo me resultó extraño. Decidí callar. Para no abrir un conflicto, guardé silencio y enterré el recuerdo. Pasaron las semanas. Una tarde cualquiera, volvimos a estar en el coche. Él descendió primero para organizar lo que cada uno debía cargar. Tardaba más de lo normal. Desde mi asiento, giré la vista hacia atrás. Entonces ocurrió: una muje...